Los tres cerditos acababan de terminar los estudios de arquitectura en la escuela de arquitectos. Decidieron hacer un complejo urbanístico en un solar a las afueras de la ciudad, que construyeron con materiales muy baratos para así quedarse con una gran parte del dinero de las subvenciones.
Un famoso okupa de la zona, el Lobo Feroz, estaba paseando alegremente por los alrededores a las tres de la tarde cuando vio la urbanización. Las casa tenían buena pinta y el lobo se acercó y llamó al portero automático.
-¿Quién es a estas horas? -preguntó el cerdito número uno.
-¿Qué pasa colega? Soy el Lobo Feroz y estoy buscando una casa para la noche.
-Pase y hablaremos dentro -respondió el cerdito número dos.
La puerta se abrió y el Lobo llegó hasta la recepción, donde le esperaban los dueños de la urbanización. El cerdito número dos le puso la mano en la espalda, y le invitó a sentarse.
-Nos interesaría saber cuánto estaría usted dispuesto a pagar -dijo el cerdito número tres, abriendo un maletín.
-Pues no se tronco-respondió el Lobo. -Estaba pensando de cero para abajo.
El cerdito número dos le quitó la mano de la espalda, asqueado, y le pidió a seguridad que le señalase amablemente la salida.
Después de caer de bruces en la calle, el Lobo se alzó, enfurecido, y dijo:
-¡Pues soplaré y soplaré y vuestro complejo urbanístico derribaré!
Lo cual era una tontería, puesto que el Lobo era asmático y el complejo era malo, pero no tanto. Tras dejar el portero automático lleno de babas, y después de haber usado el inhalador, el lobo clamó:
-¡Pues me meteré por la chimenea!
Al llegar al tejado, descubrió que no había chimenea, ya que el complejo funcionaba por gas natural. Lo que sí que hizo fue romperles la antena de televisión, para fastidiar un poco.
-¡Zasca, en toda la boca!¿Eh, gochus?
Por desgracia, el Lobo pisó mal y se cayó. Tras diecisiete pisos de caída y despertarse en un hospital, con siete costillas rotas, el Lobo exclamó:
-¡Pues si yo no puedo vivir allí, ellos tampoco!
El Lobo fue ipso-facto a la comisaría más cercana, y denunció a los tres cerditos por no pedir permisos al ayuntamiento para construir.
Los Tres Cerditos fueron desahuciados y metidos en la cárcel con una pena de cinco años, rebajada a tres gracias a un juez corrupto. Años después el Lobo murió asesinado por un leñador homicida al intentar comerse a su suegra y a su hija.
¡TÚ también puedes participar y hacer de éste mundo un lugar más absurdo! ¡Danos todas esas ideas que te daría vergüenza exponer en público!
Tan sólo comenta en el último cuento publicado. ¡Nosotros haremos el resto!
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¡Diooooooooos!
ResponderEliminarAhora que vuelvo a leer esto, me doy cuenta de que éramos los putos amos.
Deberíamos de volver a éste inmundo blog ^_^