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domingo, 29 de marzo de 2015

Épica de la Monotonía

Daniel dictaba las palabras que publicarian aquella tarde, y Nicolas copiava sumisamente. 
-¡Alto! -proclamó Daniel- "copiaba" es con b. 
Pero ya era demasiado tarde, el error ortográfico habia sido perpetrado. Aquella mancha en el lenguaje permaneceria tatuada con tinta inmortal en las redes infinitas de la inteligencia colectiba. 
-¡Hijo de puta!- masculló Daniel. 
-¡Pero si yo no mascullo!- volvió a mascullar Daniel. 
Nicolás, haciendo caso omiso de las quisquillosas correcciones del que dejaría de ser su amigo, siguió escribiendo y pensando en comidas (la palabra quisquillosas le habia hecho pensar en marsico). 

Aquella tarde apacible de primavera... 
-¿Estamos en primavera?- la pregunta de Nicolas rasgó el silencio cual fría guadaña. 
Aquel que tenía sentado a su diestra le respondió con el silencio. 
-¿Vas a volver a poner "silencio"?- inquirió Daniel, forzando a Nicolas a escribir aquella fatidica palabra. 
Daniel resopló, ya habia adivinado que su compadre iba a usar "fatídica" gratuitamente. Así eran los fatídicos pensamientos de Nicolás. 
-Sigue escribiendo que me voy a mear - anunció Daniel, a pesar de que el que manejaba el treclado no tenía el menor interés en lo que expulsaría en el servicio. 
Tardaba mucho, por lo que empezó a sospechar de que no se trataba solamente de orina. 

-Uy, que miedo, ¿qué habrás escrito? 
Nicolás sonrió con maldad, Daniel nunca lo averiguaria. 
-Ni de coña. 
-jajajajajaja... venga va tú, enseñame lo que has escrito- demandó Daniel. 
-No quiero. 
-Tú, que no me hace gracia. 
El ambiente se iba cargando cual moscardón revolcándose en el polen. Sólo que de aquí no saldría dulce miel. 
-A mí sí, gilipollas- insultó Nicolas- Además, es mi puta casa. 
-Conociéndote, seguro que estas escribiendo lo que pasa en este puto instante. Y le añadirás más putas palabrotas de las cojonudamente necesarias. Joder... cabrón... mierda. 
-¿Sabes qué? Que ahora voya escribir lo que me salga del puto culo.- Dijo el copista mientras un pulpo azul revoloteaba algremente, enseñando su vistoso plumaje por el salón. 
-¡Estoy hasta los huevos de ti!-gritaba Daniel mientras hacía que la cara de Nicolás jueqvjuinvrjqajuqiev besase las teclas del ordenador njhieqnrvjiwevfwq, repetidas veces. 
-Cada persona es libre de expresarse como y cuando quiera.- Le dijo furiosamente el escritor con la cara tatuada de letras. Tras ésto, le tiró una grapadora a la cabeza. 
El baño de sangre estaba servido, pero faltaba el jabón, el cual surcaba los aires para encontrarse con la frente de Nicolás. 
Entonces Daniel cogió una silla y nuiqpbheiqbchqpbchqicqecdjisq. 

La hora de defunción fue las 17:48, escribió el médico que por alguna extraña razón se dedicaba a escrivir en los words no finalizados de los pacientes. 
-Joder, otro que escribe con v- masculló Daniel.