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viernes, 9 de marzo de 2012

El hombre del bolso

Había un matrimonio que tenía tres hijas, y como las tres eran unas golfas de cuidado, sus padres le regalaron un iPod a cada una, rogándoles que al menos no quemaran la casa. Un buen día, las tres hermanas se reunieron con las regolfas de sus amigas y una dijo:
-Pues hoy los grafitis los hacemos en la fuente.
Era una fuente que quedaba a las afueras de la cuidad. La más pequeña de las hermanas, que se había hecho un esguince en el pie derecho al pillarse la mano con la puerta del coche, se lo comentó a la madre, y ésta le dijo:
-No, hija mía. No vaya a ser que venga el afeminado hombre del bolso y, como eres medio coja, te agarre.
La hija se pasó la advertencia por... las muletas y se fue con las otras, llevando su iPod siempre encima.

Una vez en la fuente, mientras hacían los grafitis, vieron que se acercaba el hombre del bolso, y una gritó:
-¡Corramos, por Dios, que viene el hombre del bolso a agarrarnos a todas!
Pero a media carrera, la hermana menor se acordó de que se había dejado el iPod sobre la fuente, y de que era coja y no podía correr. Miró para atrás y no vio al hombre del bolso, sólo a un viejito sentado en la fuente con una bolsa entre sus piernas (que no habían visto antes). Así que la hermana (muy lista ella) se acercó al viejito y le preguntó:
-Disculpe, ¿ha visto usted mi iPod?
-Sí, guapa, sí. -Dijo el viejo-. Está en el fondo de este bolso, mira, mira.
-¿Me lo podría mirar usted? Es que me da corte.
-No, ¡mira tú!
Y así la niña asomó la cabeza y, al no ver nada, dijo:
-Pues parece ser que no está.
-Sí, sí que está, tú métete dentro y busca bien, querida.
La niña confió en aquel anciano, y se metió dentro del bolso. Acto seguido, el viejo cerró el bolso... ¡Era el hombre del bolso (qué sorpreeeeesa...)!

El hombre del bolso iba de salida de Metro a salida de Metro, y en cada una posaba el bolso (con la chica dentro) y gritaba:
-¡Observen el maravilloso bolso que parece que tiene a una niña dentro pero no la tiene y que canta sólo!
Y cuando la gente se reunía alrededor, asombrada, el viejito decía:
-¡Canta bolso, o te reembolso!
Y así la niña empezaba:
Un mamut chiquitito quería volar
Probaba y probaba y no podía volar
Su amiga, la paloma, le quiso ayudar
(etc, etc)
Tras ello, la gente le daba limosna al viejito, pidiéndole a cambio que se fuese ya.


Pero un buen día, el hombre afeminado del bolso se puso a pedir a las puertas de la casa de la chica. Su familia, al oír su "dulce" voz, distrajeron al viejito y rescataron a su hija, cosa de la que años más tarde se arrepintieron. Además, le metieron un gitano en el bolso.
Así, al día siguiente el anciano repitió el ritual de siempre.
-¡Canta bolso, o te reembolso!
A lo que el bolso (con el gitano dentro) le dijo:
-A que te rajo.
El hombre del bolso, extrañado por este cambio en la voz, peso, tamaño y comportamiento de la niña, abrió el bolso. Nada más lo abrió, el gitano salió de él y, de las heridas que le provocó, todavía hoy se ve al viejo en las páginas necrológicas.

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