En la antena de una televisión,
bien ufano y contento,
con una cartera en el pico
estaba el señor Rapaz.
Del olor (a dinero) atraída
una Cortesana muy mesalina,
le dijo estas palabras,
o más menos que más:
"Tenga usted buenos días,
señor Rapaz, mi pingo;
vaya que estáis libidinoso;
enhiesto, inmoral en extremo;
yo no gasto chacotas,
y digo lo que siento,
ya que es mi deseo
que si a tu vello príapo
corresponde el simiente,
junto a la diosa Afrodita,
siendo testigo el lupanar,
que tú seas el hetairo
de sus vastos matrices."
Al oír un discurso
tan raro y sin sentido
de desenfreno llevado,
quiso decir el Rapaz:
"¿Qué leches dices?
¿Eres tonta o calvos peinas?"
Mas al decir esto,
la cartera caerse debió,
la muy astuta Cortesana,
después de habérselo expoliado,
le dijo: "Señor lelo,
pues sin otra cartera
os habéis quedado.
Yo me vuelvo a mi bati-cueva."
Moraleja: O hablas claro, o los pájaros no te entienden.
Nota de los autores: esta fábula sólo tiene gracia con un diccionario de sinónimos (y ni así).
¡TÚ también puedes participar y hacer de éste mundo un lugar más absurdo! ¡Danos todas esas ideas que te daría vergüenza exponer en público!
Tan sólo comenta en el último cuento publicado. ¡Nosotros haremos el resto!
¡Echa un ojo a nuestros mejores cuentos!
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sábado, 12 de mayo de 2012
miércoles, 2 de mayo de 2012
La historia más absurda jamás escrita (Parte I)
Bruno abrió los ojos. Estaba en un bosque. Pero fallaba algo... era todo demasiado liso, demasiado perfecto... como si todo estuviese hecho por cubos.
Y había un hombre. O él creía que era un hombre porque, literalmente, estaba cuadrado. Tenía una cabeza cuadrada, con unos penetrantes ojos verdes bajo un cejo fruncido. Y tenía una larga nariz que le cubría parte de la boca, y unos brazos (cuadrados) cruzados sobre un pecho completamente liso.
Y entonces Bruno se giró, y vio a otro ser. Era verde y carecía de brazos, lo que compensaba con cuadro patas pequeñas pero veloces. Y el monstruo le vio. Y empezó a hincharse e hincharse hasta explotar.
Bruno se despertó, todo había sido un sueño. De haberse tratado del comienzo de un cuento, habría parecido que el autor quería homenajear algo. Miró su reloj digital: las 25:73. Veamos... el reloj se averiaba a las 11:00, y su mayordomo, Alfredo, entraba a repararlo a las 13:00, así que ya tenía una ligera idea de la hora que era.
Y si nos paramos a pensar, ¿por qué no le levantó su madre? Y la respuesta es bien simple: Bruno era huérfano. Su padre murió dos años antes de que él naciera, y su madre fue devorada por el terrible conejo ártico de aletas rojas (para más información, ver Wikipedia). Pero no todo era tan malo: su padre le había legado toda su herencia, y eso incluía su mansión, su empresa fabricante de palillos chinos (la número uno del mercado) y las numerosas amenazas a muerte.
Decidió bajar al salón para tomar el desayuno (aunque, por la cantidad de alimento, algunos dirían que es una comida como Dios manda). Encendió su televisor (una gran pantalla de cine que ocupaba todo el techo y parte del suelo). Estaban las noticias.
-Nos acaba de llegar una noticia de última hora.- Decía el presentador, un señor asquerosamente repeinado para ser calvo.- Un barquero pedofílico pone en guardia a todos los padres de Venecia. Una niña que por poco se convirtió en una víctima nos ha concedido una entrevista.
Y se pasó a ver un vídeo en el que aparecía una niña de entre 0 y 18 años (el gran círculo negro que le cubría la cara dejaba difícil saber la edad exacta). Su voz era suave como un estropajo después de un centrifugado.
-Pues resulta que, al pasar la barca, me dijo el barquero: "Las niñas bonitas no pagan dinero". "Yo no soy bonita" le dije al barq...
Bruno apagó la tele. El tema de la pedofilia no le gustaba nada. Siempre que se lo preguntaba a un adulto, éste le esquivaba. Al final, tuvo que buscar la respuesta en Internet... Pero cuándo perdió Bruno su infancia no nos importa, lo que de verdad nos importa es por qué no le planteó la duda a un amigo. Y la respuesta es simple y llana, como las chinas: Bruno no tenía amigos. Y no porque no pudiera (¿quién no quiere tener como amigo a un chico que puede regalarte coches por tu cumpleaños?), sino porque a un amigo hay que tratarlo como a un igual. Y claro, ¿dónde está la gracia de tener un amigo si no es la de poderle ordenar lo que quisiera? No. Si iba a tener un amigo, que al menos siempre estuviese a sus pies.
Y había un hombre. O él creía que era un hombre porque, literalmente, estaba cuadrado. Tenía una cabeza cuadrada, con unos penetrantes ojos verdes bajo un cejo fruncido. Y tenía una larga nariz que le cubría parte de la boca, y unos brazos (cuadrados) cruzados sobre un pecho completamente liso.
Y entonces Bruno se giró, y vio a otro ser. Era verde y carecía de brazos, lo que compensaba con cuadro patas pequeñas pero veloces. Y el monstruo le vio. Y empezó a hincharse e hincharse hasta explotar.
Bruno se despertó, todo había sido un sueño. De haberse tratado del comienzo de un cuento, habría parecido que el autor quería homenajear algo. Miró su reloj digital: las 25:73. Veamos... el reloj se averiaba a las 11:00, y su mayordomo, Alfredo, entraba a repararlo a las 13:00, así que ya tenía una ligera idea de la hora que era.
Y si nos paramos a pensar, ¿por qué no le levantó su madre? Y la respuesta es bien simple: Bruno era huérfano. Su padre murió dos años antes de que él naciera, y su madre fue devorada por el terrible conejo ártico de aletas rojas (para más información, ver Wikipedia). Pero no todo era tan malo: su padre le había legado toda su herencia, y eso incluía su mansión, su empresa fabricante de palillos chinos (la número uno del mercado) y las numerosas amenazas a muerte.
Decidió bajar al salón para tomar el desayuno (aunque, por la cantidad de alimento, algunos dirían que es una comida como Dios manda). Encendió su televisor (una gran pantalla de cine que ocupaba todo el techo y parte del suelo). Estaban las noticias.
-Nos acaba de llegar una noticia de última hora.- Decía el presentador, un señor asquerosamente repeinado para ser calvo.- Un barquero pedofílico pone en guardia a todos los padres de Venecia. Una niña que por poco se convirtió en una víctima nos ha concedido una entrevista.
Y se pasó a ver un vídeo en el que aparecía una niña de entre 0 y 18 años (el gran círculo negro que le cubría la cara dejaba difícil saber la edad exacta). Su voz era suave como un estropajo después de un centrifugado.
-Pues resulta que, al pasar la barca, me dijo el barquero: "Las niñas bonitas no pagan dinero". "Yo no soy bonita" le dije al barq...
Bruno apagó la tele. El tema de la pedofilia no le gustaba nada. Siempre que se lo preguntaba a un adulto, éste le esquivaba. Al final, tuvo que buscar la respuesta en Internet... Pero cuándo perdió Bruno su infancia no nos importa, lo que de verdad nos importa es por qué no le planteó la duda a un amigo. Y la respuesta es simple y llana, como las chinas: Bruno no tenía amigos. Y no porque no pudiera (¿quién no quiere tener como amigo a un chico que puede regalarte coches por tu cumpleaños?), sino porque a un amigo hay que tratarlo como a un igual. Y claro, ¿dónde está la gracia de tener un amigo si no es la de poderle ordenar lo que quisiera? No. Si iba a tener un amigo, que al menos siempre estuviese a sus pies.
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