Erase una vez un niño tan pequeño que, cuando su madre lo parió, dijo el doctor: "Si no llora, es un tumor." Al ser tan pequeño, a Garbancito le daba por chillar cuando iba por la calle: "¡Pachín, pachín, pachón! ¡Mucho cuidadito con lo que hacéis! ¡Pachín, pachín, pachón! ¡A Garbarcinto ni le toquéis!"
Su madre, que estaba de él hasta la calva, le mandó a la compra y, como de costumbre, salió chillando a la calle: "¡Pachín, pachín, pachón! ¡Mucho cuidadito con lo que hacéis! ¡Pachín, pachín, pachón! ¡A Garbarcinto ni le toquéis!"
¡ESPLUITCH!
Y así fue como una aspirina acabó con la vida de Garbancito, al romperle la cabeza con tremenda ironía.
Nota de los autores: Garbancito se recuperó tomando la misma aspirina que le había matado. Más tarde se asoció con el enano saltarín y fundó un bar, llamado la Tripa del Buey, hasta que un buen día un lobo policía terminó por deshauciarles al herir a zombies civiles.
¡TÚ también puedes participar y hacer de éste mundo un lugar más absurdo! ¡Danos todas esas ideas que te daría vergüenza exponer en público!
Tan sólo comenta en el último cuento publicado. ¡Nosotros haremos el resto!
¡Echa un ojo a nuestros mejores cuentos!
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miércoles, 28 de marzo de 2012
domingo, 25 de marzo de 2012
La Sirenita y la malvada bruja cirujana (Parte II)
Nota de los autores: seremos breves: si no has leído la parte I, leela.
-Te vamos a llevar al quirófano, querida -dijo la bruja-, será mejor que te quites ese horrendo abrigo de piel que llevas puesto.
-Pero si no llevo nada encima -contestó la sirenita.
La bruja deseó que le tragase la tierra. Y su deseo se cumplió. Dos meses más tarde, la reemplazaron por una becaria inútil, que le dejó a la sirenita una pierna más larga que la otra.
La sirenita, toda feliz, nadó hacia la superficie de forma torpe. Una vez fuera del agua, fue detenida por escándalo público (al tener las piernas desiguales). Al pasar tres turnos, pudo salir de la cárcel y avanzar a la siguiente casilla.
Tras pasar por la casilla de salida, se dio cuenta de que no sabía donde vivía el chaval, así que se le preguntó a una amable viejecita, que le dijo:
-En la tripa del buey, donde ni nieva ni llueve.
Así que la sirenita se dirigió alegremente cojeando hacia la Tripa del Buey (un pub irlandés regentado por Pulgarcito, y un leprechaun llamado Rumpelstiltskin). Allí encontró al apuesto mozo, borracho hasta las cejas (las cuales cantaban alegremente una canción irlandesa).
La sirenita se acordó de que, todo el tiempo que había pasado con el chaval, éste había estado inconsciente. La sirenita se sentó a su lado y empezó a mirarle con ojitos (que estaban en estado de putrefacción). Como era medio lela, no se le ocurrió escribirle cosas en un papel, ya que se había quedado muda. Justo cuando el chaval se giró para hablar con ella, en la lepre-televisión se escuchó:
-Atención a todos: el país está sufriendo un ataque zombie. Se recomienda a la gente no tocar a los muertos y, sobre todo, evitar ser mordidos. Y recordad: para éste feliz ataque zombie, compren escopetas Cabum, las líderes en calidad.
Para entonces era demasiado tarde, ya que la sirenita había sido mordida, pero afortunadamente en la pierna, que ya no podía estar más infectada. La sirenita salió corriendo, pero se cayó al mar y murió ahogada.
Al final, los zombies se vieron reflejados en un espejo gigante y remurieron del susto. El chaval se casó con Robin Hood.
-Te vamos a llevar al quirófano, querida -dijo la bruja-, será mejor que te quites ese horrendo abrigo de piel que llevas puesto.
-Pero si no llevo nada encima -contestó la sirenita.
La bruja deseó que le tragase la tierra. Y su deseo se cumplió. Dos meses más tarde, la reemplazaron por una becaria inútil, que le dejó a la sirenita una pierna más larga que la otra.
La sirenita, toda feliz, nadó hacia la superficie de forma torpe. Una vez fuera del agua, fue detenida por escándalo público (al tener las piernas desiguales). Al pasar tres turnos, pudo salir de la cárcel y avanzar a la siguiente casilla.
Tras pasar por la casilla de salida, se dio cuenta de que no sabía donde vivía el chaval, así que se le preguntó a una amable viejecita, que le dijo:
-En la tripa del buey, donde ni nieva ni llueve.
Así que la sirenita se dirigió alegremente cojeando hacia la Tripa del Buey (un pub irlandés regentado por Pulgarcito, y un leprechaun llamado Rumpelstiltskin). Allí encontró al apuesto mozo, borracho hasta las cejas (las cuales cantaban alegremente una canción irlandesa).
La sirenita se acordó de que, todo el tiempo que había pasado con el chaval, éste había estado inconsciente. La sirenita se sentó a su lado y empezó a mirarle con ojitos (que estaban en estado de putrefacción). Como era medio lela, no se le ocurrió escribirle cosas en un papel, ya que se había quedado muda. Justo cuando el chaval se giró para hablar con ella, en la lepre-televisión se escuchó:
-Atención a todos: el país está sufriendo un ataque zombie. Se recomienda a la gente no tocar a los muertos y, sobre todo, evitar ser mordidos. Y recordad: para éste feliz ataque zombie, compren escopetas Cabum, las líderes en calidad.
Para entonces era demasiado tarde, ya que la sirenita había sido mordida, pero afortunadamente en la pierna, que ya no podía estar más infectada. La sirenita salió corriendo, pero se cayó al mar y murió ahogada.
Al final, los zombies se vieron reflejados en un espejo gigante y remurieron del susto. El chaval se casó con Robin Hood.
sábado, 17 de marzo de 2012
La Sirenita y la malvada bruja cirujana (Parte I)
Aviso al lector: cualquier mención al sexo que encuentre en este cuento es pura imaginación suya. Recuerde, no somos nosotros los depravados, lo es usted.
Todas las sirenas jugaban en su keli y simulaban escuchar a su vieja, que les costaba historias acerca del mundo de la superficie.
-Ayer mismo -decía la abuelita-, el Wall Street bajó un 3,3%, hijas mías.
Todas se quedaban asombradas por su sabiduría ancestral y deseaban viajar a ese mundo.
-Como bien sabéis -continuó la abuelita-, cuando cumpláis los 15 años, os saldrán granos horrendos y podréis viajar al mundo exterior.
Así llego el día en el que a la sirenita le salieron granos, y el momento tan esperado llegó, aunque este viaje se tuvo que retrasar porque le vino el periódico (quien lo quiera entender, que lo entienda).
Al llegar la sirenita se sentó en un contenedor de residuos tóxicos que pasaba trotando alegremente por ahí.
-¡Que fuertes y viriles son!- dijo al ver un par de langostas.
De repente el cielo se cubrió de nubes y empezaron a llover hombres. La sirenita se dispuso a salvar al único que había sobrevivido a la caída. Lo llevó hasta la orilla y pasó un buen rato acariciándole y estudiando anatomía. Se había enamorado locamente de él (nooo... de la langosta).
La pobre sirenita sabía que la única manera de estar con su amado era ponerse un buen par de piernas, con sus complementos y todo. Se acordó de que el amor era ciego así que optó por arrancarse los ojos, pero más tarde se arrepintió y se los puso de nuevo.
La sirenita fue a la clínica de corporación dermoestética, dirigida por una malvada bruja. Una vez dentro, la bruja dijo:
-¡Cuernos!¡Llamad a los guardias, el pez abisal a vuelto a escaparse!- tras recapacitar un momento, dijo-. Ah, perdona querida, ¿qué querías?
-¿Me podría quitar las aletas y ponerme piernas?
-Mira hija, eso es científicamente imposible, pero bueno, haré una excepción contigo. No obstante, todo el mundo sabe que las aletas conectan directamente con las cuerdas vocales así
que, si te quito las aletas, te quedarás sin voz.
-¡Proceda!
El cuento continuará en la parte II (y no en la III, como tú esperabas).
viernes, 9 de marzo de 2012
El hombre del bolso
Había un matrimonio que tenía tres hijas, y como las tres eran unas golfas de cuidado, sus padres le regalaron un iPod a cada una, rogándoles que al menos no quemaran la casa. Un buen día, las tres hermanas se reunieron con las regolfas de sus amigas y una dijo:
-Pues hoy los grafitis los hacemos en la fuente.
Era una fuente que quedaba a las afueras de la cuidad. La más pequeña de las hermanas, que se había hecho un esguince en el pie derecho al pillarse la mano con la puerta del coche, se lo comentó a la madre, y ésta le dijo:
-No, hija mía. No vaya a ser que venga el afeminado hombre del bolso y, como eres medio coja, te agarre.
La hija se pasó la advertencia por... las muletas y se fue con las otras, llevando su iPod siempre encima.
Una vez en la fuente, mientras hacían los grafitis, vieron que se acercaba el hombre del bolso, y una gritó:
-¡Corramos, por Dios, que viene el hombre del bolso a agarrarnos a todas!
Pero a media carrera, la hermana menor se acordó de que se había dejado el iPod sobre la fuente, y de que era coja y no podía correr. Miró para atrás y no vio al hombre del bolso, sólo a un viejito sentado en la fuente con una bolsa entre sus piernas (que no habían visto antes). Así que la hermana (muy lista ella) se acercó al viejito y le preguntó:
-Disculpe, ¿ha visto usted mi iPod?
-Sí, guapa, sí. -Dijo el viejo-. Está en el fondo de este bolso, mira, mira.
-¿Me lo podría mirar usted? Es que me da corte.
-No, ¡mira tú!
Y así la niña asomó la cabeza y, al no ver nada, dijo:
-Pues parece ser que no está.
-Sí, sí que está, tú métete dentro y busca bien, querida.
La niña confió en aquel anciano, y se metió dentro del bolso. Acto seguido, el viejo cerró el bolso... ¡Era el hombre del bolso (qué sorpreeeeesa...)!
El hombre del bolso iba de salida de Metro a salida de Metro, y en cada una posaba el bolso (con la chica dentro) y gritaba:
-¡Observen el maravilloso bolso que parece que tiene a una niña dentro pero no la tiene y que canta sólo!
Y cuando la gente se reunía alrededor, asombrada, el viejito decía:
-¡Canta bolso, o te reembolso!
Y así la niña empezaba:
Un mamut chiquitito quería volar
Probaba y probaba y no podía volar
Su amiga, la paloma, le quiso ayudar
(etc, etc)
Tras ello, la gente le daba limosna al viejito, pidiéndole a cambio que se fuese ya.
Pero un buen día, el hombre afeminado del bolso se puso a pedir a las puertas de la casa de la chica. Su familia, al oír su "dulce" voz, distrajeron al viejito y rescataron a su hija, cosa de la que años más tarde se arrepintieron. Además, le metieron un gitano en el bolso.
Así, al día siguiente el anciano repitió el ritual de siempre.
-¡Canta bolso, o te reembolso!
A lo que el bolso (con el gitano dentro) le dijo:
-A que te rajo.
El hombre del bolso, extrañado por este cambio en la voz, peso, tamaño y comportamiento de la niña, abrió el bolso. Nada más lo abrió, el gitano salió de él y, de las heridas que le provocó, todavía hoy se ve al viejo en las páginas necrológicas.
-Pues hoy los grafitis los hacemos en la fuente.
Era una fuente que quedaba a las afueras de la cuidad. La más pequeña de las hermanas, que se había hecho un esguince en el pie derecho al pillarse la mano con la puerta del coche, se lo comentó a la madre, y ésta le dijo:
-No, hija mía. No vaya a ser que venga el afeminado hombre del bolso y, como eres medio coja, te agarre.
La hija se pasó la advertencia por... las muletas y se fue con las otras, llevando su iPod siempre encima.
Una vez en la fuente, mientras hacían los grafitis, vieron que se acercaba el hombre del bolso, y una gritó:
-¡Corramos, por Dios, que viene el hombre del bolso a agarrarnos a todas!
Pero a media carrera, la hermana menor se acordó de que se había dejado el iPod sobre la fuente, y de que era coja y no podía correr. Miró para atrás y no vio al hombre del bolso, sólo a un viejito sentado en la fuente con una bolsa entre sus piernas (que no habían visto antes). Así que la hermana (muy lista ella) se acercó al viejito y le preguntó:
-Disculpe, ¿ha visto usted mi iPod?
-Sí, guapa, sí. -Dijo el viejo-. Está en el fondo de este bolso, mira, mira.
-¿Me lo podría mirar usted? Es que me da corte.
-No, ¡mira tú!
Y así la niña asomó la cabeza y, al no ver nada, dijo:
-Pues parece ser que no está.
-Sí, sí que está, tú métete dentro y busca bien, querida.
La niña confió en aquel anciano, y se metió dentro del bolso. Acto seguido, el viejo cerró el bolso... ¡Era el hombre del bolso (qué sorpreeeeesa...)!
El hombre del bolso iba de salida de Metro a salida de Metro, y en cada una posaba el bolso (con la chica dentro) y gritaba:
-¡Observen el maravilloso bolso que parece que tiene a una niña dentro pero no la tiene y que canta sólo!
Y cuando la gente se reunía alrededor, asombrada, el viejito decía:
-¡Canta bolso, o te reembolso!
Y así la niña empezaba:
Un mamut chiquitito quería volar
Probaba y probaba y no podía volar
Su amiga, la paloma, le quiso ayudar
(etc, etc)
Tras ello, la gente le daba limosna al viejito, pidiéndole a cambio que se fuese ya.
Pero un buen día, el hombre afeminado del bolso se puso a pedir a las puertas de la casa de la chica. Su familia, al oír su "dulce" voz, distrajeron al viejito y rescataron a su hija, cosa de la que años más tarde se arrepintieron. Además, le metieron un gitano en el bolso.
Así, al día siguiente el anciano repitió el ritual de siempre.
-¡Canta bolso, o te reembolso!
A lo que el bolso (con el gitano dentro) le dijo:
-A que te rajo.
El hombre del bolso, extrañado por este cambio en la voz, peso, tamaño y comportamiento de la niña, abrió el bolso. Nada más lo abrió, el gitano salió de él y, de las heridas que le provocó, todavía hoy se ve al viejo en las páginas necrológicas.
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