El mundo se desvanecía ante sus vidriados ojos de anfibio. Tras la muerte de H.P. Lovecraft, su autor, todo iba desapareciendo lenta pero inexorablemente. Todos esos sueños dementes se perdían en la inmensidad de la nada, como lágrimas en la lluvia. O se extinguía cual llama de una vela sin cera en su mundo, o sobrevivía como parásito ajeno en otros. Echó la vista atrás una última vez antes de emprender ese viaje interdimensional hacia historias paralelas.
Era un día tranquilo para Pinocho... ¡hasta que se lo tragó un agujero interdimensional! Un enorme tentáculo salió de ese enorme agujero, pero lo que nadie sabía es que el tentáculo iba pegado a un monstruo aún más grande. Era un monstruo monstruoso, un gigante gigantesco, un coloso colosal, una bestia bestial, un bicho bichoso... ¡un extraterrestre de más allá de la Tierra!
Venía con sed de sangre, como yo (*slurp* Muuuuucho mejor... prosigamos). Ese sangriento ser con sed de sangre, con ganas de marcha, organizó una sangrienta sangría con la sangre de sus sangrantes víctimas. Y mientras ésta sangrienta sangría se prolongaba, yo me iba a buscar un diccionario de sinónimos.
Prosigamos, tras haber terminado con esta cruenta carnicería, el aberrante ser del averno llamado Cthulhu decidió ir a buscar una ocupación acorde con su inhumana personalidad. Como estamos en crisis y no hay que desaprovechar las oportunidades que te da la vida, aceptó el empleo de vendedor de fregonas a domicilio, a pesar de ser un ser divino, celestial, etéreo, infernal, glorioso, sobrehumano, espléndido, precioso, pervertido, brillante, reluciente, luminoso, deslumbrante, ¡así quedarán sus suelos con las nuevas fregonas "El Cthulhu"!
¡TÚ también puedes participar y hacer de éste mundo un lugar más absurdo! ¡Danos todas esas ideas que te daría vergüenza exponer en público!
Tan sólo comenta en el último cuento publicado. ¡Nosotros haremos el resto!
¡Echa un ojo a nuestros mejores cuentos!
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Erase una vez un niño tan pequeño que, cuando su madre lo parió, dijo el doctor: "Si no llora, es un tumor." Al ser tan pequeño, a...
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viernes, 23 de noviembre de 2012
domingo, 23 de septiembre de 2012
Los siete cabr****os y el Cthulhu
Hemos asociado las mil y un visitas al blog con los cuentos de Sherezade ¡porque sí! Así que, en su honor (y para comenzar la segunda temporada de cuentos absurdos), aquí va el cuento de los siete cabritillos.
Era una cabra que tenía siete cabr****. Un día llamó a sus hijos (los ****ones) y les dijo:
-Voy a Al Campone a comprar unos cuantos alucinógenos. No abráis la puerta a nadie, y menos a mí, que vendré un tanto... rarita. Tened cuidado con el lobo capitalista; tiene la voz suave como los ángeles y las patas negras como... los ángeles... negros. Representa al malvado Gobierno Capitalista y querrá llevaros a una infernal casa de acogida capitalista, llena de monjas capitalistas que imparten una educación capitalista.
Los muy c*b*o*e* prometieron no prender fuego a la casa y la cabra se fue más contenta que un comunista rico.
Al poco rato (dos o tres días) llamaron tan suavemente a la puerta que ésta estuvo apunto de derrumbarse:
*TOC**TOC*
Era el Cthulhu, que dijo con una voz tan cavernosa como el túnel del metro por la mañana:
-RXZRRASOXQRHOTKDGGWLEDWOZEWTJOKQJHQCHSSTUXZYJOBPBPSFVKOWBGA
A lo que los siete *a*r*n*z*s, muy enterados del idioma del Cthulhu, contestaron:
-¡Vete! Estamos esperando al lobo. O en su defecto, a nuestra supuesta madre.
-EMQZADRQJWLYTJK
-¿Que te has comido al lobo? ¡Pues ahora tendrás que ocupar su lugar!
-¡EMVRHAHOUAKJAIKBBOSPENWQJMHJVN!
-¡A nosotros nadie nos responde así! Venga chicos, machacadle.
Acto seguido, los siete cabr***** abrieron la puerta y se lanzaron a por él, incautos de que el Cthulhu era tan alto como la luna (¡qué poético y absurdo!).
-CKMTFFAARCBJNCXSPXILANWJJTREVSBEAFCIQB.- Dijo el Cthulhu una vez derribado por la inmensa fuerza de aquellos ****ones.
Los ********, satisfechos por aquella victoria debida a su terrible ingenio, decidieron celebrar un botellón.
Y ahora, para pasar éste empacho de estupideces inmorales, un pareado:
Iba el Cthulhu por el mar Caribeño,
y de repente le entró sueño.
Así que fue a un extremo soleado,
arruinando mi bonito pareado.
Hijo de pe**a inmortal,
como ca**llo no tienes igual.
Tras éste absurdo intermedio, seguimos con la sarta de estupideces.
El Cthulhu se despertó, encontrando a los siete cabro*** en un profundo coma etílico. Decidió comérselos uno tras otro, agarrándolos con sus terribles tentáculos viscosos y tentaculares (sí, has leído bien, ¡doble ración de tentáculos para todos!).
Cuándo el Cthulhu se los comió a todos, le entró mucha sed, así que se fue a beber agua fresca del mar (rica en sales naturales, artificiales y capitalistas). Lo que no tuvo en cuenta fue el peso extra que de los *****nes venía, así que se hundió hasta el fondo, ahogándose como buen ser acuático que era.
Moraleja: Un pareado consta sólo de dos versos.
Era una cabra que tenía siete cabr****. Un día llamó a sus hijos (los ****ones) y les dijo:
-Voy a Al Campone a comprar unos cuantos alucinógenos. No abráis la puerta a nadie, y menos a mí, que vendré un tanto... rarita. Tened cuidado con el lobo capitalista; tiene la voz suave como los ángeles y las patas negras como... los ángeles... negros. Representa al malvado Gobierno Capitalista y querrá llevaros a una infernal casa de acogida capitalista, llena de monjas capitalistas que imparten una educación capitalista.
Los muy c*b*o*e* prometieron no prender fuego a la casa y la cabra se fue más contenta que un comunista rico.
Al poco rato (dos o tres días) llamaron tan suavemente a la puerta que ésta estuvo apunto de derrumbarse:
*TOC**TOC*
Era el Cthulhu, que dijo con una voz tan cavernosa como el túnel del metro por la mañana:
-RXZRRASOXQRHOTKDGGWLEDWOZEWTJOKQJHQCHSSTUXZYJOBPBPSFVKOWBGA
A lo que los siete *a*r*n*z*s, muy enterados del idioma del Cthulhu, contestaron:
-¡Vete! Estamos esperando al lobo. O en su defecto, a nuestra supuesta madre.
-EMQZADRQJWLYTJK
-¿Que te has comido al lobo? ¡Pues ahora tendrás que ocupar su lugar!
-¡EMVRHAHOUAKJAIKBBOSPENWQJMHJVN!
-¡A nosotros nadie nos responde así! Venga chicos, machacadle.
Acto seguido, los siete cabr***** abrieron la puerta y se lanzaron a por él, incautos de que el Cthulhu era tan alto como la luna (¡qué poético y absurdo!).
-CKMTFFAARCBJNCXSPXILANWJJTREVSBEAFCIQB.- Dijo el Cthulhu una vez derribado por la inmensa fuerza de aquellos ****ones.
Los ********, satisfechos por aquella victoria debida a su terrible ingenio, decidieron celebrar un botellón.
Y ahora, para pasar éste empacho de estupideces inmorales, un pareado:
Iba el Cthulhu por el mar Caribeño,
y de repente le entró sueño.
Así que fue a un extremo soleado,
arruinando mi bonito pareado.
Hijo de pe**a inmortal,
como ca**llo no tienes igual.
Tras éste absurdo intermedio, seguimos con la sarta de estupideces.
El Cthulhu se despertó, encontrando a los siete cabro*** en un profundo coma etílico. Decidió comérselos uno tras otro, agarrándolos con sus terribles tentáculos viscosos y tentaculares (sí, has leído bien, ¡doble ración de tentáculos para todos!).
Cuándo el Cthulhu se los comió a todos, le entró mucha sed, así que se fue a beber agua fresca del mar (rica en sales naturales, artificiales y capitalistas). Lo que no tuvo en cuenta fue el peso extra que de los *****nes venía, así que se hundió hasta el fondo, ahogándose como buen ser acuático que era.
Moraleja: Un pareado consta sólo de dos versos.
sábado, 12 de mayo de 2012
El Rapaz y la Cortesana
En la antena de una televisión,
bien ufano y contento,
con una cartera en el pico
estaba el señor Rapaz.
Del olor (a dinero) atraída
una Cortesana muy mesalina,
le dijo estas palabras,
o más menos que más:
"Tenga usted buenos días,
señor Rapaz, mi pingo;
vaya que estáis libidinoso;
enhiesto, inmoral en extremo;
yo no gasto chacotas,
y digo lo que siento,
ya que es mi deseo
que si a tu vello príapo
corresponde el simiente,
junto a la diosa Afrodita,
siendo testigo el lupanar,
que tú seas el hetairo
de sus vastos matrices."
Al oír un discurso
tan raro y sin sentido
de desenfreno llevado,
quiso decir el Rapaz:
"¿Qué leches dices?
¿Eres tonta o calvos peinas?"
Mas al decir esto,
la cartera caerse debió,
la muy astuta Cortesana,
después de habérselo expoliado,
le dijo: "Señor lelo,
pues sin otra cartera
os habéis quedado.
Yo me vuelvo a mi bati-cueva."
Moraleja: O hablas claro, o los pájaros no te entienden.
Nota de los autores: esta fábula sólo tiene gracia con un diccionario de sinónimos (y ni así).
bien ufano y contento,
con una cartera en el pico
estaba el señor Rapaz.
Del olor (a dinero) atraída
una Cortesana muy mesalina,
le dijo estas palabras,
o más menos que más:
"Tenga usted buenos días,
señor Rapaz, mi pingo;
vaya que estáis libidinoso;
enhiesto, inmoral en extremo;
yo no gasto chacotas,
y digo lo que siento,
ya que es mi deseo
que si a tu vello príapo
corresponde el simiente,
junto a la diosa Afrodita,
siendo testigo el lupanar,
que tú seas el hetairo
de sus vastos matrices."
Al oír un discurso
tan raro y sin sentido
de desenfreno llevado,
quiso decir el Rapaz:
"¿Qué leches dices?
¿Eres tonta o calvos peinas?"
Mas al decir esto,
la cartera caerse debió,
la muy astuta Cortesana,
después de habérselo expoliado,
le dijo: "Señor lelo,
pues sin otra cartera
os habéis quedado.
Yo me vuelvo a mi bati-cueva."
Moraleja: O hablas claro, o los pájaros no te entienden.
Nota de los autores: esta fábula sólo tiene gracia con un diccionario de sinónimos (y ni así).
miércoles, 2 de mayo de 2012
La historia más absurda jamás escrita (Parte I)
Bruno abrió los ojos. Estaba en un bosque. Pero fallaba algo... era todo demasiado liso, demasiado perfecto... como si todo estuviese hecho por cubos.
Y había un hombre. O él creía que era un hombre porque, literalmente, estaba cuadrado. Tenía una cabeza cuadrada, con unos penetrantes ojos verdes bajo un cejo fruncido. Y tenía una larga nariz que le cubría parte de la boca, y unos brazos (cuadrados) cruzados sobre un pecho completamente liso.
Y entonces Bruno se giró, y vio a otro ser. Era verde y carecía de brazos, lo que compensaba con cuadro patas pequeñas pero veloces. Y el monstruo le vio. Y empezó a hincharse e hincharse hasta explotar.
Bruno se despertó, todo había sido un sueño. De haberse tratado del comienzo de un cuento, habría parecido que el autor quería homenajear algo. Miró su reloj digital: las 25:73. Veamos... el reloj se averiaba a las 11:00, y su mayordomo, Alfredo, entraba a repararlo a las 13:00, así que ya tenía una ligera idea de la hora que era.
Y si nos paramos a pensar, ¿por qué no le levantó su madre? Y la respuesta es bien simple: Bruno era huérfano. Su padre murió dos años antes de que él naciera, y su madre fue devorada por el terrible conejo ártico de aletas rojas (para más información, ver Wikipedia). Pero no todo era tan malo: su padre le había legado toda su herencia, y eso incluía su mansión, su empresa fabricante de palillos chinos (la número uno del mercado) y las numerosas amenazas a muerte.
Decidió bajar al salón para tomar el desayuno (aunque, por la cantidad de alimento, algunos dirían que es una comida como Dios manda). Encendió su televisor (una gran pantalla de cine que ocupaba todo el techo y parte del suelo). Estaban las noticias.
-Nos acaba de llegar una noticia de última hora.- Decía el presentador, un señor asquerosamente repeinado para ser calvo.- Un barquero pedofílico pone en guardia a todos los padres de Venecia. Una niña que por poco se convirtió en una víctima nos ha concedido una entrevista.
Y se pasó a ver un vídeo en el que aparecía una niña de entre 0 y 18 años (el gran círculo negro que le cubría la cara dejaba difícil saber la edad exacta). Su voz era suave como un estropajo después de un centrifugado.
-Pues resulta que, al pasar la barca, me dijo el barquero: "Las niñas bonitas no pagan dinero". "Yo no soy bonita" le dije al barq...
Bruno apagó la tele. El tema de la pedofilia no le gustaba nada. Siempre que se lo preguntaba a un adulto, éste le esquivaba. Al final, tuvo que buscar la respuesta en Internet... Pero cuándo perdió Bruno su infancia no nos importa, lo que de verdad nos importa es por qué no le planteó la duda a un amigo. Y la respuesta es simple y llana, como las chinas: Bruno no tenía amigos. Y no porque no pudiera (¿quién no quiere tener como amigo a un chico que puede regalarte coches por tu cumpleaños?), sino porque a un amigo hay que tratarlo como a un igual. Y claro, ¿dónde está la gracia de tener un amigo si no es la de poderle ordenar lo que quisiera? No. Si iba a tener un amigo, que al menos siempre estuviese a sus pies.
Y había un hombre. O él creía que era un hombre porque, literalmente, estaba cuadrado. Tenía una cabeza cuadrada, con unos penetrantes ojos verdes bajo un cejo fruncido. Y tenía una larga nariz que le cubría parte de la boca, y unos brazos (cuadrados) cruzados sobre un pecho completamente liso.
Y entonces Bruno se giró, y vio a otro ser. Era verde y carecía de brazos, lo que compensaba con cuadro patas pequeñas pero veloces. Y el monstruo le vio. Y empezó a hincharse e hincharse hasta explotar.
Bruno se despertó, todo había sido un sueño. De haberse tratado del comienzo de un cuento, habría parecido que el autor quería homenajear algo. Miró su reloj digital: las 25:73. Veamos... el reloj se averiaba a las 11:00, y su mayordomo, Alfredo, entraba a repararlo a las 13:00, así que ya tenía una ligera idea de la hora que era.
Y si nos paramos a pensar, ¿por qué no le levantó su madre? Y la respuesta es bien simple: Bruno era huérfano. Su padre murió dos años antes de que él naciera, y su madre fue devorada por el terrible conejo ártico de aletas rojas (para más información, ver Wikipedia). Pero no todo era tan malo: su padre le había legado toda su herencia, y eso incluía su mansión, su empresa fabricante de palillos chinos (la número uno del mercado) y las numerosas amenazas a muerte.
Decidió bajar al salón para tomar el desayuno (aunque, por la cantidad de alimento, algunos dirían que es una comida como Dios manda). Encendió su televisor (una gran pantalla de cine que ocupaba todo el techo y parte del suelo). Estaban las noticias.
-Nos acaba de llegar una noticia de última hora.- Decía el presentador, un señor asquerosamente repeinado para ser calvo.- Un barquero pedofílico pone en guardia a todos los padres de Venecia. Una niña que por poco se convirtió en una víctima nos ha concedido una entrevista.
Y se pasó a ver un vídeo en el que aparecía una niña de entre 0 y 18 años (el gran círculo negro que le cubría la cara dejaba difícil saber la edad exacta). Su voz era suave como un estropajo después de un centrifugado.
-Pues resulta que, al pasar la barca, me dijo el barquero: "Las niñas bonitas no pagan dinero". "Yo no soy bonita" le dije al barq...
Bruno apagó la tele. El tema de la pedofilia no le gustaba nada. Siempre que se lo preguntaba a un adulto, éste le esquivaba. Al final, tuvo que buscar la respuesta en Internet... Pero cuándo perdió Bruno su infancia no nos importa, lo que de verdad nos importa es por qué no le planteó la duda a un amigo. Y la respuesta es simple y llana, como las chinas: Bruno no tenía amigos. Y no porque no pudiera (¿quién no quiere tener como amigo a un chico que puede regalarte coches por tu cumpleaños?), sino porque a un amigo hay que tratarlo como a un igual. Y claro, ¿dónde está la gracia de tener un amigo si no es la de poderle ordenar lo que quisiera? No. Si iba a tener un amigo, que al menos siempre estuviese a sus pies.
miércoles, 28 de marzo de 2012
La gran historia de Garbancito
Erase una vez un niño tan pequeño que, cuando su madre lo parió, dijo el doctor: "Si no llora, es un tumor." Al ser tan pequeño, a Garbancito le daba por chillar cuando iba por la calle: "¡Pachín, pachín, pachón! ¡Mucho cuidadito con lo que hacéis! ¡Pachín, pachín, pachón! ¡A Garbarcinto ni le toquéis!"
Su madre, que estaba de él hasta la calva, le mandó a la compra y, como de costumbre, salió chillando a la calle: "¡Pachín, pachín, pachón! ¡Mucho cuidadito con lo que hacéis! ¡Pachín, pachín, pachón! ¡A Garbarcinto ni le toquéis!"
¡ESPLUITCH!
Y así fue como una aspirina acabó con la vida de Garbancito, al romperle la cabeza con tremenda ironía.
Nota de los autores: Garbancito se recuperó tomando la misma aspirina que le había matado. Más tarde se asoció con el enano saltarín y fundó un bar, llamado la Tripa del Buey, hasta que un buen día un lobo policía terminó por deshauciarles al herir a zombies civiles.
Su madre, que estaba de él hasta la calva, le mandó a la compra y, como de costumbre, salió chillando a la calle: "¡Pachín, pachín, pachón! ¡Mucho cuidadito con lo que hacéis! ¡Pachín, pachín, pachón! ¡A Garbarcinto ni le toquéis!"
¡ESPLUITCH!
Y así fue como una aspirina acabó con la vida de Garbancito, al romperle la cabeza con tremenda ironía.
Nota de los autores: Garbancito se recuperó tomando la misma aspirina que le había matado. Más tarde se asoció con el enano saltarín y fundó un bar, llamado la Tripa del Buey, hasta que un buen día un lobo policía terminó por deshauciarles al herir a zombies civiles.
domingo, 25 de marzo de 2012
La Sirenita y la malvada bruja cirujana (Parte II)
Nota de los autores: seremos breves: si no has leído la parte I, leela.
-Te vamos a llevar al quirófano, querida -dijo la bruja-, será mejor que te quites ese horrendo abrigo de piel que llevas puesto.
-Pero si no llevo nada encima -contestó la sirenita.
La bruja deseó que le tragase la tierra. Y su deseo se cumplió. Dos meses más tarde, la reemplazaron por una becaria inútil, que le dejó a la sirenita una pierna más larga que la otra.
La sirenita, toda feliz, nadó hacia la superficie de forma torpe. Una vez fuera del agua, fue detenida por escándalo público (al tener las piernas desiguales). Al pasar tres turnos, pudo salir de la cárcel y avanzar a la siguiente casilla.
Tras pasar por la casilla de salida, se dio cuenta de que no sabía donde vivía el chaval, así que se le preguntó a una amable viejecita, que le dijo:
-En la tripa del buey, donde ni nieva ni llueve.
Así que la sirenita se dirigió alegremente cojeando hacia la Tripa del Buey (un pub irlandés regentado por Pulgarcito, y un leprechaun llamado Rumpelstiltskin). Allí encontró al apuesto mozo, borracho hasta las cejas (las cuales cantaban alegremente una canción irlandesa).
La sirenita se acordó de que, todo el tiempo que había pasado con el chaval, éste había estado inconsciente. La sirenita se sentó a su lado y empezó a mirarle con ojitos (que estaban en estado de putrefacción). Como era medio lela, no se le ocurrió escribirle cosas en un papel, ya que se había quedado muda. Justo cuando el chaval se giró para hablar con ella, en la lepre-televisión se escuchó:
-Atención a todos: el país está sufriendo un ataque zombie. Se recomienda a la gente no tocar a los muertos y, sobre todo, evitar ser mordidos. Y recordad: para éste feliz ataque zombie, compren escopetas Cabum, las líderes en calidad.
Para entonces era demasiado tarde, ya que la sirenita había sido mordida, pero afortunadamente en la pierna, que ya no podía estar más infectada. La sirenita salió corriendo, pero se cayó al mar y murió ahogada.
Al final, los zombies se vieron reflejados en un espejo gigante y remurieron del susto. El chaval se casó con Robin Hood.
-Te vamos a llevar al quirófano, querida -dijo la bruja-, será mejor que te quites ese horrendo abrigo de piel que llevas puesto.
-Pero si no llevo nada encima -contestó la sirenita.
La bruja deseó que le tragase la tierra. Y su deseo se cumplió. Dos meses más tarde, la reemplazaron por una becaria inútil, que le dejó a la sirenita una pierna más larga que la otra.
La sirenita, toda feliz, nadó hacia la superficie de forma torpe. Una vez fuera del agua, fue detenida por escándalo público (al tener las piernas desiguales). Al pasar tres turnos, pudo salir de la cárcel y avanzar a la siguiente casilla.
Tras pasar por la casilla de salida, se dio cuenta de que no sabía donde vivía el chaval, así que se le preguntó a una amable viejecita, que le dijo:
-En la tripa del buey, donde ni nieva ni llueve.
Así que la sirenita se dirigió alegremente cojeando hacia la Tripa del Buey (un pub irlandés regentado por Pulgarcito, y un leprechaun llamado Rumpelstiltskin). Allí encontró al apuesto mozo, borracho hasta las cejas (las cuales cantaban alegremente una canción irlandesa).
La sirenita se acordó de que, todo el tiempo que había pasado con el chaval, éste había estado inconsciente. La sirenita se sentó a su lado y empezó a mirarle con ojitos (que estaban en estado de putrefacción). Como era medio lela, no se le ocurrió escribirle cosas en un papel, ya que se había quedado muda. Justo cuando el chaval se giró para hablar con ella, en la lepre-televisión se escuchó:
-Atención a todos: el país está sufriendo un ataque zombie. Se recomienda a la gente no tocar a los muertos y, sobre todo, evitar ser mordidos. Y recordad: para éste feliz ataque zombie, compren escopetas Cabum, las líderes en calidad.
Para entonces era demasiado tarde, ya que la sirenita había sido mordida, pero afortunadamente en la pierna, que ya no podía estar más infectada. La sirenita salió corriendo, pero se cayó al mar y murió ahogada.
Al final, los zombies se vieron reflejados en un espejo gigante y remurieron del susto. El chaval se casó con Robin Hood.
sábado, 17 de marzo de 2012
La Sirenita y la malvada bruja cirujana (Parte I)
Aviso al lector: cualquier mención al sexo que encuentre en este cuento es pura imaginación suya. Recuerde, no somos nosotros los depravados, lo es usted.
Todas las sirenas jugaban en su keli y simulaban escuchar a su vieja, que les costaba historias acerca del mundo de la superficie.
-Ayer mismo -decía la abuelita-, el Wall Street bajó un 3,3%, hijas mías.
Todas se quedaban asombradas por su sabiduría ancestral y deseaban viajar a ese mundo.
-Como bien sabéis -continuó la abuelita-, cuando cumpláis los 15 años, os saldrán granos horrendos y podréis viajar al mundo exterior.
Así llego el día en el que a la sirenita le salieron granos, y el momento tan esperado llegó, aunque este viaje se tuvo que retrasar porque le vino el periódico (quien lo quiera entender, que lo entienda).
Al llegar la sirenita se sentó en un contenedor de residuos tóxicos que pasaba trotando alegremente por ahí.
-¡Que fuertes y viriles son!- dijo al ver un par de langostas.
De repente el cielo se cubrió de nubes y empezaron a llover hombres. La sirenita se dispuso a salvar al único que había sobrevivido a la caída. Lo llevó hasta la orilla y pasó un buen rato acariciándole y estudiando anatomía. Se había enamorado locamente de él (nooo... de la langosta).
La pobre sirenita sabía que la única manera de estar con su amado era ponerse un buen par de piernas, con sus complementos y todo. Se acordó de que el amor era ciego así que optó por arrancarse los ojos, pero más tarde se arrepintió y se los puso de nuevo.
La sirenita fue a la clínica de corporación dermoestética, dirigida por una malvada bruja. Una vez dentro, la bruja dijo:
-¡Cuernos!¡Llamad a los guardias, el pez abisal a vuelto a escaparse!- tras recapacitar un momento, dijo-. Ah, perdona querida, ¿qué querías?
-¿Me podría quitar las aletas y ponerme piernas?
-Mira hija, eso es científicamente imposible, pero bueno, haré una excepción contigo. No obstante, todo el mundo sabe que las aletas conectan directamente con las cuerdas vocales así
que, si te quito las aletas, te quedarás sin voz.
-¡Proceda!
El cuento continuará en la parte II (y no en la III, como tú esperabas).
viernes, 9 de marzo de 2012
El hombre del bolso
Había un matrimonio que tenía tres hijas, y como las tres eran unas golfas de cuidado, sus padres le regalaron un iPod a cada una, rogándoles que al menos no quemaran la casa. Un buen día, las tres hermanas se reunieron con las regolfas de sus amigas y una dijo:
-Pues hoy los grafitis los hacemos en la fuente.
Era una fuente que quedaba a las afueras de la cuidad. La más pequeña de las hermanas, que se había hecho un esguince en el pie derecho al pillarse la mano con la puerta del coche, se lo comentó a la madre, y ésta le dijo:
-No, hija mía. No vaya a ser que venga el afeminado hombre del bolso y, como eres medio coja, te agarre.
La hija se pasó la advertencia por... las muletas y se fue con las otras, llevando su iPod siempre encima.
Una vez en la fuente, mientras hacían los grafitis, vieron que se acercaba el hombre del bolso, y una gritó:
-¡Corramos, por Dios, que viene el hombre del bolso a agarrarnos a todas!
Pero a media carrera, la hermana menor se acordó de que se había dejado el iPod sobre la fuente, y de que era coja y no podía correr. Miró para atrás y no vio al hombre del bolso, sólo a un viejito sentado en la fuente con una bolsa entre sus piernas (que no habían visto antes). Así que la hermana (muy lista ella) se acercó al viejito y le preguntó:
-Disculpe, ¿ha visto usted mi iPod?
-Sí, guapa, sí. -Dijo el viejo-. Está en el fondo de este bolso, mira, mira.
-¿Me lo podría mirar usted? Es que me da corte.
-No, ¡mira tú!
Y así la niña asomó la cabeza y, al no ver nada, dijo:
-Pues parece ser que no está.
-Sí, sí que está, tú métete dentro y busca bien, querida.
La niña confió en aquel anciano, y se metió dentro del bolso. Acto seguido, el viejo cerró el bolso... ¡Era el hombre del bolso (qué sorpreeeeesa...)!
El hombre del bolso iba de salida de Metro a salida de Metro, y en cada una posaba el bolso (con la chica dentro) y gritaba:
-¡Observen el maravilloso bolso que parece que tiene a una niña dentro pero no la tiene y que canta sólo!
Y cuando la gente se reunía alrededor, asombrada, el viejito decía:
-¡Canta bolso, o te reembolso!
Y así la niña empezaba:
Un mamut chiquitito quería volar
Probaba y probaba y no podía volar
Su amiga, la paloma, le quiso ayudar
(etc, etc)
Tras ello, la gente le daba limosna al viejito, pidiéndole a cambio que se fuese ya.
Pero un buen día, el hombre afeminado del bolso se puso a pedir a las puertas de la casa de la chica. Su familia, al oír su "dulce" voz, distrajeron al viejito y rescataron a su hija, cosa de la que años más tarde se arrepintieron. Además, le metieron un gitano en el bolso.
Así, al día siguiente el anciano repitió el ritual de siempre.
-¡Canta bolso, o te reembolso!
A lo que el bolso (con el gitano dentro) le dijo:
-A que te rajo.
El hombre del bolso, extrañado por este cambio en la voz, peso, tamaño y comportamiento de la niña, abrió el bolso. Nada más lo abrió, el gitano salió de él y, de las heridas que le provocó, todavía hoy se ve al viejo en las páginas necrológicas.
-Pues hoy los grafitis los hacemos en la fuente.
Era una fuente que quedaba a las afueras de la cuidad. La más pequeña de las hermanas, que se había hecho un esguince en el pie derecho al pillarse la mano con la puerta del coche, se lo comentó a la madre, y ésta le dijo:
-No, hija mía. No vaya a ser que venga el afeminado hombre del bolso y, como eres medio coja, te agarre.
La hija se pasó la advertencia por... las muletas y se fue con las otras, llevando su iPod siempre encima.
Una vez en la fuente, mientras hacían los grafitis, vieron que se acercaba el hombre del bolso, y una gritó:
-¡Corramos, por Dios, que viene el hombre del bolso a agarrarnos a todas!
Pero a media carrera, la hermana menor se acordó de que se había dejado el iPod sobre la fuente, y de que era coja y no podía correr. Miró para atrás y no vio al hombre del bolso, sólo a un viejito sentado en la fuente con una bolsa entre sus piernas (que no habían visto antes). Así que la hermana (muy lista ella) se acercó al viejito y le preguntó:
-Disculpe, ¿ha visto usted mi iPod?
-Sí, guapa, sí. -Dijo el viejo-. Está en el fondo de este bolso, mira, mira.
-¿Me lo podría mirar usted? Es que me da corte.
-No, ¡mira tú!
Y así la niña asomó la cabeza y, al no ver nada, dijo:
-Pues parece ser que no está.
-Sí, sí que está, tú métete dentro y busca bien, querida.
La niña confió en aquel anciano, y se metió dentro del bolso. Acto seguido, el viejo cerró el bolso... ¡Era el hombre del bolso (qué sorpreeeeesa...)!
El hombre del bolso iba de salida de Metro a salida de Metro, y en cada una posaba el bolso (con la chica dentro) y gritaba:
-¡Observen el maravilloso bolso que parece que tiene a una niña dentro pero no la tiene y que canta sólo!
Y cuando la gente se reunía alrededor, asombrada, el viejito decía:
-¡Canta bolso, o te reembolso!
Y así la niña empezaba:
Un mamut chiquitito quería volar
Probaba y probaba y no podía volar
Su amiga, la paloma, le quiso ayudar
(etc, etc)
Tras ello, la gente le daba limosna al viejito, pidiéndole a cambio que se fuese ya.
Pero un buen día, el hombre afeminado del bolso se puso a pedir a las puertas de la casa de la chica. Su familia, al oír su "dulce" voz, distrajeron al viejito y rescataron a su hija, cosa de la que años más tarde se arrepintieron. Además, le metieron un gitano en el bolso.
Así, al día siguiente el anciano repitió el ritual de siempre.
-¡Canta bolso, o te reembolso!
A lo que el bolso (con el gitano dentro) le dijo:
-A que te rajo.
El hombre del bolso, extrañado por este cambio en la voz, peso, tamaño y comportamiento de la niña, abrió el bolso. Nada más lo abrió, el gitano salió de él y, de las heridas que le provocó, todavía hoy se ve al viejo en las páginas necrológicas.
domingo, 26 de febrero de 2012
Tacirupeca, la venganza
Nota de los autores: Quien haya leído los otros cuentos sabrá que Caperucita Roja pertenecía a la terrible banda comunista los Capuchas Rojas, y que fue atropellada por la pokera de Cenicienta. Lo que no sabrá es que Caperucita tenía una hermana gemela tres años menor llamada Tacirupeca, que vive sola en una casa a las afueras de Ballecas, y aquí es donde empezamos nuestra historia.
Tacirupeca estaba afeitando cactus, que tenía en una maceta en su casa, cuando le llegó el correo (por primera vez en su vida). Así que cogió la única carta que había en el buzón (un buzo muy grande muy grande, al que le pagaba para que le sujetase las cartas que le llegaban).
-Espero que sea importante, -dijo Tacirupeca-, que he de ir a peinar calvos.
Y la carta, que era del hospital, decía tal que así:
Muy señora nuestra,
Le llamamos para informarla de que su hermana, Caperucita, ha sido atropellada por la pokera de Cenicienta. A continuación le relatamos las técnicas usadas para reanimarla:
-Darle palmadas en la cara.
-Gritarle al oído.
Al no funcionar ninguna, Caperucita murió a las 25:62 del 30 de febrero. Caperucita le lega toda su fortuna y el terrible cáncer de barriga que amenazaba contra su vida.
Un beso en el culo,
El hospital
Tacirupeca decidió hacerle una "grata visita" a Cenicienta (entendiendo por "grata", terrible; y por "visita", visita), así que cogió su objeto más letal (la cera esa que la pones en la pierna, tiras, y escuece que no veas) y un bonobush (un ticket que te permite usar el coche de George Bush). Antes de partir, quemó su casa a fin de poder distinguirla en la lejanía.
Una vez llegó a la casa de Cenicienta y le dio las gracias a Bush por el viaje, decidió llamar a la puerta. Por desgracia le daba ocupado, así que apretó el timbre. Tampoco le abrió nadie, entonces se dio cuenta de que había una nota pegada en la puerta. Como ya había leído mucho por ese día, decidió volver al siguiente.
Y así fue, y leyó la nota, que decía:
Lo siento, pero nos hemos ido a cruzar semáforos en rojo. Si buscas a Cenicienta, ha muerto.
Firmado:
Las hermanastras de Cenicienta
Por suerte, Tacirupeca sabía que en un mundo en lo que todo carecía de sentido, existirían los fantasmas (al igual que los sapos que crían pelo y los cerdos que vuelan). Así que nuestra heroína (nótese la ironía) decidió llamar a los Cazafantasmas, pero por aquel entonces Bill Murray estaba grabando Zombieland, amén de que le habían metido un tiro.
Tacirupeca se dio por vencida, así que se fue a la *****, que tiraba tres calles más adelante.Por último, cabe decir que la hermanas de Cenicienta fueron detenidas por asustar a las palomas, y que Tacirupeca actualmente es campeona olímpica de curling sobre césped.
Tacirupeca estaba afeitando cactus, que tenía en una maceta en su casa, cuando le llegó el correo (por primera vez en su vida). Así que cogió la única carta que había en el buzón (un buzo muy grande muy grande, al que le pagaba para que le sujetase las cartas que le llegaban).
-Espero que sea importante, -dijo Tacirupeca-, que he de ir a peinar calvos.
Y la carta, que era del hospital, decía tal que así:
Muy señora nuestra,
Le llamamos para informarla de que su hermana, Caperucita, ha sido atropellada por la pokera de Cenicienta. A continuación le relatamos las técnicas usadas para reanimarla:
-Darle palmadas en la cara.
-Gritarle al oído.
Al no funcionar ninguna, Caperucita murió a las 25:62 del 30 de febrero. Caperucita le lega toda su fortuna y el terrible cáncer de barriga que amenazaba contra su vida.
Un beso en el culo,
El hospital
Tacirupeca decidió hacerle una "grata visita" a Cenicienta (entendiendo por "grata", terrible; y por "visita", visita), así que cogió su objeto más letal (la cera esa que la pones en la pierna, tiras, y escuece que no veas) y un bonobush (un ticket que te permite usar el coche de George Bush). Antes de partir, quemó su casa a fin de poder distinguirla en la lejanía.
Una vez llegó a la casa de Cenicienta y le dio las gracias a Bush por el viaje, decidió llamar a la puerta. Por desgracia le daba ocupado, así que apretó el timbre. Tampoco le abrió nadie, entonces se dio cuenta de que había una nota pegada en la puerta. Como ya había leído mucho por ese día, decidió volver al siguiente.
Y así fue, y leyó la nota, que decía:
Lo siento, pero nos hemos ido a cruzar semáforos en rojo. Si buscas a Cenicienta, ha muerto.
Firmado:
Las hermanastras de Cenicienta
Por suerte, Tacirupeca sabía que en un mundo en lo que todo carecía de sentido, existirían los fantasmas (al igual que los sapos que crían pelo y los cerdos que vuelan). Así que nuestra heroína (nótese la ironía) decidió llamar a los Cazafantasmas, pero por aquel entonces Bill Murray estaba grabando Zombieland, amén de que le habían metido un tiro.
Tacirupeca se dio por vencida, así que se fue a la *****, que tiraba tres calles más adelante.Por último, cabe decir que la hermanas de Cenicienta fueron detenidas por asustar a las palomas, y que Tacirupeca actualmente es campeona olímpica de curling sobre césped.
sábado, 11 de febrero de 2012
El Gato con Botas unleashed
Erase una vez un empresario que estaba en su lecho de muerte, así que llamó a sus tres hijos. A su hijo mayor, que había estudiado empresariales, le legó la empresa. A su hijo mediano, que era contrabandista, le regaló a la mula. Y a su hijo pequeño, que era conformista, le regaló un gato que, por nunca llevar botas, le llamaban "el Gato sin Botas".
El hijo pequeño, decepcionado, pensó en comérselo (lo cual era ilógico, ya que le sería más útil venderlo). Pero entones, el Gato sin Botas le dijo:
-O me das unas botas y una bolsa o terminas sin carné de padre.
El dueño, asombrado al ver un gato hablar (inculto...), decidió darle lo que pedía. Así, el gato se puso la bolsa en la cabeza y se colgó las botas en la espalda, yéndose a atracar un banco. Una vez el banco fue atracado (gracias a la ayuda de la terrible banda comunista de los Capuchas Rojas y del homosexual Robin Hood, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres y viceversa), el Gato se guardó su fortuna en las botas (por lo que fue conocido como Gato con Botas) y fue a visitar al rey.
Antes de llegar, el Gato se puso las botas y se quitó la bolsa de la cabeza. El Gato le dio la bolsa con el dinero al rey y le dijo:
-Esta es una muestra de amor de parte de mi amo, el Archiduque de Alcafrán.
A lo que el rey contestó:
-Me llena de orgullo y de satisfacción recibir esta muestra de amor pero... ¿tú no eres el gato que atracó el banco hará 10 minutos?
-No, ese gato llevaba una bolsa en la cabeza.
El rey se creyó esta astuta patraña (no hay palabra más fiable que la de un gato que sabe hablar) y, tras una larga charla de 30 segundos, el Gato le dijo así porque sí:
-Por desgracia, mi amo ha sido atracado por unos ladrones, que le han desnudado y le han metido en el lago, y en estos momentos se está ahogando.
-¿Y tú cómo sabes eso? -Le preguntó, extrañado, al Gato.
-WhatsApp. -(Del inglés, "¡Qué aplicación!")
Y el rey se lo volvió a tragar (pues para ser rey, era muy ingenuo), así que decidieron ir corriendo a salvarlo, ya que no tenían carruaje y sus mamás no les dejaban usar el Metro. El Gato corrió más y, al llegar, le dijo a su amo:
-¡Rápido!¡Desvístete y métete en el lago!¡Haré que parezca que te atracaron unos ladrones!
El dueño se asustó (al ver un gato hablar, claro), y recordó las sabias palabras de su padre: "Si alguna vez te ataca un gato, échale los polvos mágicos anti-violación a la cara." Y eso hizo.
El Gato sin Botas se despertó en un vertedero. Entonces fue encontrado por un recogedor de animales, el Lobo Feroz, que le dijo:
-Oooooooh, amigo, ¿y tú collar?
-¿Y el tuyo? -Le contestó el Gato.
-Eeeeeh, hummmmmmmmm...
-Pues quedas detenido por ir por ahí sin collar.
-Espera un momento, ¡que soy yo el currante! Y, además, soy el terrible Lobo Feroz.
-¿Pero el Lobo Feroz no fue asesinado por un leñador homicida? -Preguntó el Gato.
-Sí, pero yo soy uno de sus primos.
-¡Un momento!Este es MI cuento, y por el momento ya han hecho un cameo Robin Hood, Caperucita Roja y ahora tú. ¡Fuera, no quiero más cameos! Soy un gato, y me gusta la autosuficiencia y que me rasquen la barriguita. ¿No veis que esto roza lo absurdo?
-Pe-pero.
-¡Fueraaaaaaaaaaaaa!¿Qué será lo siguiente?
-A saber. -Dijeron a la vez Pinocho y la Sirenita, que pasaban casualmente por ahí.
Nota de los autores: El Gato se cansó de tanta publicidad ajena y se negó a seguir con el cuento. En cuanto al dueño, fue arrestado por fraude y por conformista. El rey fue estafado en una llamada telefónica, y el Lobo Feroz fue despedido, y tuvo que ganarse la vida trabajando de mendigo.
El hijo pequeño, decepcionado, pensó en comérselo (lo cual era ilógico, ya que le sería más útil venderlo). Pero entones, el Gato sin Botas le dijo:
-O me das unas botas y una bolsa o terminas sin carné de padre.
El dueño, asombrado al ver un gato hablar (inculto...), decidió darle lo que pedía. Así, el gato se puso la bolsa en la cabeza y se colgó las botas en la espalda, yéndose a atracar un banco. Una vez el banco fue atracado (gracias a la ayuda de la terrible banda comunista de los Capuchas Rojas y del homosexual Robin Hood, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres y viceversa), el Gato se guardó su fortuna en las botas (por lo que fue conocido como Gato con Botas) y fue a visitar al rey.
Antes de llegar, el Gato se puso las botas y se quitó la bolsa de la cabeza. El Gato le dio la bolsa con el dinero al rey y le dijo:
-Esta es una muestra de amor de parte de mi amo, el Archiduque de Alcafrán.
A lo que el rey contestó:
-Me llena de orgullo y de satisfacción recibir esta muestra de amor pero... ¿tú no eres el gato que atracó el banco hará 10 minutos?
-No, ese gato llevaba una bolsa en la cabeza.
El rey se creyó esta astuta patraña (no hay palabra más fiable que la de un gato que sabe hablar) y, tras una larga charla de 30 segundos, el Gato le dijo así porque sí:
-Por desgracia, mi amo ha sido atracado por unos ladrones, que le han desnudado y le han metido en el lago, y en estos momentos se está ahogando.
-¿Y tú cómo sabes eso? -Le preguntó, extrañado, al Gato.
-WhatsApp. -(Del inglés, "¡Qué aplicación!")
Y el rey se lo volvió a tragar (pues para ser rey, era muy ingenuo), así que decidieron ir corriendo a salvarlo, ya que no tenían carruaje y sus mamás no les dejaban usar el Metro. El Gato corrió más y, al llegar, le dijo a su amo:
-¡Rápido!¡Desvístete y métete en el lago!¡Haré que parezca que te atracaron unos ladrones!
El dueño se asustó (al ver un gato hablar, claro), y recordó las sabias palabras de su padre: "Si alguna vez te ataca un gato, échale los polvos mágicos anti-violación a la cara." Y eso hizo.
El Gato sin Botas se despertó en un vertedero. Entonces fue encontrado por un recogedor de animales, el Lobo Feroz, que le dijo:
-Oooooooh, amigo, ¿y tú collar?
-¿Y el tuyo? -Le contestó el Gato.
-Eeeeeh, hummmmmmmmm...
-Pues quedas detenido por ir por ahí sin collar.
-Espera un momento, ¡que soy yo el currante! Y, además, soy el terrible Lobo Feroz.
-¿Pero el Lobo Feroz no fue asesinado por un leñador homicida? -Preguntó el Gato.
-Sí, pero yo soy uno de sus primos.
-¡Un momento!Este es MI cuento, y por el momento ya han hecho un cameo Robin Hood, Caperucita Roja y ahora tú. ¡Fuera, no quiero más cameos! Soy un gato, y me gusta la autosuficiencia y que me rasquen la barriguita. ¿No veis que esto roza lo absurdo?
-Pe-pero.
-¡Fueraaaaaaaaaaaaa!¿Qué será lo siguiente?
-A saber. -Dijeron a la vez Pinocho y la Sirenita, que pasaban casualmente por ahí.
Nota de los autores: El Gato se cansó de tanta publicidad ajena y se negó a seguir con el cuento. En cuanto al dueño, fue arrestado por fraude y por conformista. El rey fue estafado en una llamada telefónica, y el Lobo Feroz fue despedido, y tuvo que ganarse la vida trabajando de mendigo.
sábado, 4 de febrero de 2012
La Cenicienta pokera
Erase que se era, en un tiempo remoto, cuando los vikingos iban en moto, una muchacha que fumaba tanto que parecía que hubiesen asfaltado por allí por donde pasase, y por eso la llamaban "Cenicienta". El problema es que tenía dos hermanas mayores muy malas muy malas (de esas que pisan el césped cuando los carteles dicen que no) que siempre le estaban tocando los... (¿ovarios?).
Un día el príncipe de Andorra iba a ir a la discoteca de la esquina, por lo que las hermanas le dijeron a Cenicienta:
-Cenicienta, dado que eres más fea que un susto, hemos decidido decirles a los "puertas" que no te dejen pasar.
Cenicienta se quedó tuneando el "Ceniciento 2.0" (su coche, ya que además de fea era pokera). En eso que pasaba por ahí el Hada Madrina (una vieja que se administraba polvos mágicos), y le dijo a Cenicienta:
-Hola Ratita, ¿qué hacer tú por aquí tan bonita?
A lo que Cenicienta respondió:
-k PaSsaH nO tEnDrAs Tu PoR aHi UnOsS uNoS "FlAiErS"?????? -Nota: era pokera.
-Síííííí, toma estos polvos mágicos. -Dijo, echándole los polvos mágicos a la cara.
Cenicienta se despertó en un vertedero, junto con un gato que llevaba botas, y un coche tuneado como si fuese una calabaza. Sólo se acordaba de una cosa: se había dejado una de sus horrendas botas (la otra la llevaba el gato) en la discoteca. Volvió a su zulo atropellando por el camino a varias personas con su Calabaza-Móvil, entre ellas a la comunista Caperucita Roja.
De vuelta a su casa, había un guarda real con su bota, que era demasiado hortera para valerle a sus malvadas hermanas, que se habían ido a tocar cuadros al museo (porque eran malas, recuerda). Y el guarda le dijo a Cenicienta:
-¿Le importaría probarse este zapato?
-sÍ.
-¡Pues soplaré y soplaré y te derribaré!
-oK. -Contestó Cenicienta-. pAsSa El ZaPaTo.
El zapato le cuadraba a la perfección, y Cenicienta se emocionó porque eso sólo podía significar una cosa: que el príncipe la quería y la estaba buscando.
-Bien. -Dijo el guarda-. Quedas detenida por patear a su Majestad.
-PeRo No ErA pRrInCiPe?????
-Ya no, su padre murió ayer atacado por una calabaza móvil.
Y así Cenicienta emprendió una fuga hacia el cuarto de arriba, donde se atrincheró por el resto de su vida (diez minutos, hasta que le echaron las bombas de gas).
Un día el príncipe de Andorra iba a ir a la discoteca de la esquina, por lo que las hermanas le dijeron a Cenicienta:
-Cenicienta, dado que eres más fea que un susto, hemos decidido decirles a los "puertas" que no te dejen pasar.
Cenicienta se quedó tuneando el "Ceniciento 2.0" (su coche, ya que además de fea era pokera). En eso que pasaba por ahí el Hada Madrina (una vieja que se administraba polvos mágicos), y le dijo a Cenicienta:
-Hola Ratita, ¿qué hacer tú por aquí tan bonita?
A lo que Cenicienta respondió:
-k PaSsaH nO tEnDrAs Tu PoR aHi UnOsS uNoS "FlAiErS"?????? -Nota: era pokera.
-Síííííí, toma estos polvos mágicos. -Dijo, echándole los polvos mágicos a la cara.
Cenicienta se despertó en un vertedero, junto con un gato que llevaba botas, y un coche tuneado como si fuese una calabaza. Sólo se acordaba de una cosa: se había dejado una de sus horrendas botas (la otra la llevaba el gato) en la discoteca. Volvió a su zulo atropellando por el camino a varias personas con su Calabaza-Móvil, entre ellas a la comunista Caperucita Roja.
De vuelta a su casa, había un guarda real con su bota, que era demasiado hortera para valerle a sus malvadas hermanas, que se habían ido a tocar cuadros al museo (porque eran malas, recuerda). Y el guarda le dijo a Cenicienta:
-¿Le importaría probarse este zapato?
-sÍ.
-¡Pues soplaré y soplaré y te derribaré!
-oK. -Contestó Cenicienta-. pAsSa El ZaPaTo.
El zapato le cuadraba a la perfección, y Cenicienta se emocionó porque eso sólo podía significar una cosa: que el príncipe la quería y la estaba buscando.
-Bien. -Dijo el guarda-. Quedas detenida por patear a su Majestad.
-PeRo No ErA pRrInCiPe?????
-Ya no, su padre murió ayer atacado por una calabaza móvil.
Y así Cenicienta emprendió una fuga hacia el cuarto de arriba, donde se atrincheró por el resto de su vida (diez minutos, hasta que le echaron las bombas de gas).
Los Tres Cerditos y la corrupción inmobiliaria
Los tres cerditos acababan de terminar los estudios de arquitectura en la escuela de arquitectos. Decidieron hacer un complejo urbanístico en un solar a las afueras de la ciudad, que construyeron con materiales muy baratos para así quedarse con una gran parte del dinero de las subvenciones.
Un famoso okupa de la zona, el Lobo Feroz, estaba paseando alegremente por los alrededores a las tres de la tarde cuando vio la urbanización. Las casa tenían buena pinta y el lobo se acercó y llamó al portero automático.
-¿Quién es a estas horas? -preguntó el cerdito número uno.
-¿Qué pasa colega? Soy el Lobo Feroz y estoy buscando una casa para la noche.
-Pase y hablaremos dentro -respondió el cerdito número dos.
La puerta se abrió y el Lobo llegó hasta la recepción, donde le esperaban los dueños de la urbanización. El cerdito número dos le puso la mano en la espalda, y le invitó a sentarse.
-Nos interesaría saber cuánto estaría usted dispuesto a pagar -dijo el cerdito número tres, abriendo un maletín.
-Pues no se tronco-respondió el Lobo. -Estaba pensando de cero para abajo.
El cerdito número dos le quitó la mano de la espalda, asqueado, y le pidió a seguridad que le señalase amablemente la salida.
Después de caer de bruces en la calle, el Lobo se alzó, enfurecido, y dijo:
-¡Pues soplaré y soplaré y vuestro complejo urbanístico derribaré!
Lo cual era una tontería, puesto que el Lobo era asmático y el complejo era malo, pero no tanto. Tras dejar el portero automático lleno de babas, y después de haber usado el inhalador, el lobo clamó:
-¡Pues me meteré por la chimenea!
Al llegar al tejado, descubrió que no había chimenea, ya que el complejo funcionaba por gas natural. Lo que sí que hizo fue romperles la antena de televisión, para fastidiar un poco.
-¡Zasca, en toda la boca!¿Eh, gochus?
Por desgracia, el Lobo pisó mal y se cayó. Tras diecisiete pisos de caída y despertarse en un hospital, con siete costillas rotas, el Lobo exclamó:
-¡Pues si yo no puedo vivir allí, ellos tampoco!
El Lobo fue ipso-facto a la comisaría más cercana, y denunció a los tres cerditos por no pedir permisos al ayuntamiento para construir.
Los Tres Cerditos fueron desahuciados y metidos en la cárcel con una pena de cinco años, rebajada a tres gracias a un juez corrupto. Años después el Lobo murió asesinado por un leñador homicida al intentar comerse a su suegra y a su hija.
Un famoso okupa de la zona, el Lobo Feroz, estaba paseando alegremente por los alrededores a las tres de la tarde cuando vio la urbanización. Las casa tenían buena pinta y el lobo se acercó y llamó al portero automático.
-¿Quién es a estas horas? -preguntó el cerdito número uno.
-¿Qué pasa colega? Soy el Lobo Feroz y estoy buscando una casa para la noche.
-Pase y hablaremos dentro -respondió el cerdito número dos.
La puerta se abrió y el Lobo llegó hasta la recepción, donde le esperaban los dueños de la urbanización. El cerdito número dos le puso la mano en la espalda, y le invitó a sentarse.
-Nos interesaría saber cuánto estaría usted dispuesto a pagar -dijo el cerdito número tres, abriendo un maletín.
-Pues no se tronco-respondió el Lobo. -Estaba pensando de cero para abajo.
El cerdito número dos le quitó la mano de la espalda, asqueado, y le pidió a seguridad que le señalase amablemente la salida.
Después de caer de bruces en la calle, el Lobo se alzó, enfurecido, y dijo:
-¡Pues soplaré y soplaré y vuestro complejo urbanístico derribaré!
Lo cual era una tontería, puesto que el Lobo era asmático y el complejo era malo, pero no tanto. Tras dejar el portero automático lleno de babas, y después de haber usado el inhalador, el lobo clamó:
-¡Pues me meteré por la chimenea!
Al llegar al tejado, descubrió que no había chimenea, ya que el complejo funcionaba por gas natural. Lo que sí que hizo fue romperles la antena de televisión, para fastidiar un poco.
-¡Zasca, en toda la boca!¿Eh, gochus?
Por desgracia, el Lobo pisó mal y se cayó. Tras diecisiete pisos de caída y despertarse en un hospital, con siete costillas rotas, el Lobo exclamó:
-¡Pues si yo no puedo vivir allí, ellos tampoco!
El Lobo fue ipso-facto a la comisaría más cercana, y denunció a los tres cerditos por no pedir permisos al ayuntamiento para construir.
Los Tres Cerditos fueron desahuciados y metidos en la cárcel con una pena de cinco años, rebajada a tres gracias a un juez corrupto. Años después el Lobo murió asesinado por un leñador homicida al intentar comerse a su suegra y a su hija.
viernes, 3 de febrero de 2012
Caperucita Roja y la banda de los Capuchas Rojas
Erase una vez una niñita que pertenecía a la peligrosa banda comunista conocida como los capuchas rojas. El capo de la banda le había regalado a la niñita una capucha roja, y por eso la llamaban Caperucita Roja.
Un día, el capo, apodado "mamá", le dijo a Caperucita:
-Llévale estas magdalenas -dijo, guiñándole un ojo-, a la abuelita -que era el apodo del contrabandista de la banda.
-Como tú quieras, mamá. -Respondió Caperucita, cogiendo el maletín.
-Y recuerda no hablar con desconocidos, y menos si van armados.
E iba Caperucita cantando Electrohouse por el polígono industrial cuando, de repente, se encontró con el Lobo Feroz, que se había hecho la carrera de criminología después de un incidente que tuvo que ver con tres cerdos arquitectos.
-¿Ánde vas, piba?
-A casa de la abuelita -dijo, alargándole 50 euros.
-Mmmm... si es la "abuelita" que yo creo, no está muy lejos, pero será mejor que me adelante para ir a avisar a mis amigos.
Y así el Lobo llegó con una patrulla de SWAT a la casa de la abuelita (el cruel contrabandista), devoró a éste y se puso sus ropas (que eran como las de las ancianas debido a ciertos complejos que tenía el contrabandista). El objetivo del Lobo era pillar a Caperucita con las manos en la masa, por lo que ordenó a los SWAT que se pusiesen en posiciones estratégicas (vamos, a esperar en el coche).
Cuando llegó Caperucita, le dijo a la falsa abuelita:
- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tie...!
Caperucita, que no tenía un pelo de tonta, se dio cuenta en seguida: ¡la abuelita era un hombre lobo! Así que llamó al leñador (es decir, el que repartía leña en la banda), y le abrieron en canal, sacando a lo que quedaba de abuelita (los jugos gástricos no perdonaban a nadie), y la expusieron como mártir de la causa.
El Lobo fue enterrado en una fosa común, y Caperucita vivió feliz durante el resto de sus días (no muchos, ya que fue atropellada por una calabaza de una tal pokera llamada Cenicienta).
Un día, el capo, apodado "mamá", le dijo a Caperucita:
-Llévale estas magdalenas -dijo, guiñándole un ojo-, a la abuelita -que era el apodo del contrabandista de la banda.
-Como tú quieras, mamá. -Respondió Caperucita, cogiendo el maletín.
-Y recuerda no hablar con desconocidos, y menos si van armados.
E iba Caperucita cantando Electrohouse por el polígono industrial cuando, de repente, se encontró con el Lobo Feroz, que se había hecho la carrera de criminología después de un incidente que tuvo que ver con tres cerdos arquitectos.
-¿Ánde vas, piba?
-A casa de la abuelita -dijo, alargándole 50 euros.
-Mmmm... si es la "abuelita" que yo creo, no está muy lejos, pero será mejor que me adelante para ir a avisar a mis amigos.
Y así el Lobo llegó con una patrulla de SWAT a la casa de la abuelita (el cruel contrabandista), devoró a éste y se puso sus ropas (que eran como las de las ancianas debido a ciertos complejos que tenía el contrabandista). El objetivo del Lobo era pillar a Caperucita con las manos en la masa, por lo que ordenó a los SWAT que se pusiesen en posiciones estratégicas (vamos, a esperar en el coche).
Cuando llegó Caperucita, le dijo a la falsa abuelita:
- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tie...!
Caperucita, que no tenía un pelo de tonta, se dio cuenta en seguida: ¡la abuelita era un hombre lobo! Así que llamó al leñador (es decir, el que repartía leña en la banda), y le abrieron en canal, sacando a lo que quedaba de abuelita (los jugos gástricos no perdonaban a nadie), y la expusieron como mártir de la causa.
El Lobo fue enterrado en una fosa común, y Caperucita vivió feliz durante el resto de sus días (no muchos, ya que fue atropellada por una calabaza de una tal pokera llamada Cenicienta).
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