Erase una vez un empresario que estaba en su lecho de muerte, así que llamó a sus tres hijos. A su hijo mayor, que había estudiado empresariales, le legó la empresa. A su hijo mediano, que era contrabandista, le regaló a la mula. Y a su hijo pequeño, que era conformista, le regaló un gato que, por nunca llevar botas, le llamaban "el Gato sin Botas".
El hijo pequeño, decepcionado, pensó en comérselo (lo cual era ilógico, ya que le sería más útil venderlo). Pero entones, el Gato sin Botas le dijo:
-O me das unas botas y una bolsa o terminas sin carné de padre.
El dueño, asombrado al ver un gato hablar (inculto...), decidió darle lo que pedía. Así, el gato se puso la bolsa en la cabeza y se colgó las botas en la espalda, yéndose a atracar un banco. Una vez el banco fue atracado (gracias a la ayuda de la terrible banda comunista de los Capuchas Rojas y del homosexual Robin Hood, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres y viceversa), el Gato se guardó su fortuna en las botas (por lo que fue conocido como Gato con Botas) y fue a visitar al rey.
Antes de llegar, el Gato se puso las botas y se quitó la bolsa de la cabeza. El Gato le dio la bolsa con el dinero al rey y le dijo:
-Esta es una muestra de amor de parte de mi amo, el Archiduque de Alcafrán.
A lo que el rey contestó:
-Me llena de orgullo y de satisfacción recibir esta muestra de amor pero... ¿tú no eres el gato que atracó el banco hará 10 minutos?
-No, ese gato llevaba una bolsa en la cabeza.
El rey se creyó esta astuta patraña (no hay palabra más fiable que la de un gato que sabe hablar) y, tras una larga charla de 30 segundos, el Gato le dijo así porque sí:
-Por desgracia, mi amo ha sido atracado por unos ladrones, que le han desnudado y le han metido en el lago, y en estos momentos se está ahogando.
-¿Y tú cómo sabes eso? -Le preguntó, extrañado, al Gato.
-WhatsApp. -(Del inglés, "¡Qué aplicación!")
Y el rey se lo volvió a tragar (pues para ser rey, era muy ingenuo), así que decidieron ir corriendo a salvarlo, ya que no tenían carruaje y sus mamás no les dejaban usar el Metro. El Gato corrió más y, al llegar, le dijo a su amo:
-¡Rápido!¡Desvístete y métete en el lago!¡Haré que parezca que te atracaron unos ladrones!
El dueño se asustó (al ver un gato hablar, claro), y recordó las sabias palabras de su padre: "Si alguna vez te ataca un gato, échale los polvos mágicos anti-violación a la cara." Y eso hizo.
El Gato sin Botas se despertó en un vertedero. Entonces fue encontrado por un recogedor de animales, el Lobo Feroz, que le dijo:
-Oooooooh, amigo, ¿y tú collar?
-¿Y el tuyo? -Le contestó el Gato.
-Eeeeeh, hummmmmmmmm...
-Pues quedas detenido por ir por ahí sin collar.
-Espera un momento, ¡que soy yo el currante! Y, además, soy el terrible Lobo Feroz.
-¿Pero el Lobo Feroz no fue asesinado por un leñador homicida? -Preguntó el Gato.
-Sí, pero yo soy uno de sus primos.
-¡Un momento!Este es MI cuento, y por el momento ya han hecho un cameo Robin Hood, Caperucita Roja y ahora tú. ¡Fuera, no quiero más cameos! Soy un gato, y me gusta la autosuficiencia y que me rasquen la barriguita. ¿No veis que esto roza lo absurdo?
-Pe-pero.
-¡Fueraaaaaaaaaaaaa!¿Qué será lo siguiente?
-A saber. -Dijeron a la vez Pinocho y la Sirenita, que pasaban casualmente por ahí.
Nota de los autores: El Gato se cansó de tanta publicidad ajena y se negó a seguir con el cuento. En cuanto al dueño, fue arrestado por fraude y por conformista. El rey fue estafado en una llamada telefónica, y el Lobo Feroz fue despedido, y tuvo que ganarse la vida trabajando de mendigo.
¡TÚ también puedes participar y hacer de éste mundo un lugar más absurdo! ¡Danos todas esas ideas que te daría vergüenza exponer en público!
Tan sólo comenta en el último cuento publicado. ¡Nosotros haremos el resto!
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