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sábado, 12 de mayo de 2012

El Rapaz y la Cortesana

En la antena de una televisión,
bien ufano y contento,
con una cartera en el pico
estaba el señor Rapaz.

Del olor (a dinero) atraída
una Cortesana muy mesalina,
le dijo estas palabras,
o más menos que más:

"Tenga usted buenos días,
señor Rapaz, mi pingo;
vaya que estáis libidinoso;
enhiesto, inmoral en extremo;
yo no gasto chacotas,
y digo lo que siento,
ya que es mi deseo
que si a tu vello príapo
corresponde el simiente,
junto a la diosa Afrodita,
siendo testigo el lupanar,
que tú seas el hetairo
de sus vastos matrices."

Al oír un discurso
tan raro y sin sentido
de desenfreno llevado,
quiso decir el Rapaz:

"¿Qué leches dices?
¿Eres tonta o calvos peinas?"

Mas al decir esto,
la cartera caerse debió,
la muy astuta Cortesana,
después de habérselo expoliado,
le dijo: "Señor lelo,
pues sin otra cartera
os habéis quedado.
Yo me vuelvo a mi bati-cueva."

Moraleja: O hablas claro, o los pájaros no te entienden.

Nota de los autores: esta fábula sólo tiene gracia con un diccionario de sinónimos (y ni así).

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